Bangkok, 30 de agosto de 2015
El vuelo Estambul-Bangkok apenas tuvo turbulencias. Turkish no sólo da una comida buenísima, también te ofrece en los vuelos de larga distancia incluso un neceser con zapatillas, calcetines, antifaz, cepillo de dientes y hasta tapones para los oídos. A mí no me hizo falta para caer rendido. Diana y Dani tardaron más en conciliar el sueño, pero el cansancio de haber dormido la noche anterior en un avión y la pateada de Estambul hizo que también pudieran dormir.
A las 9'40 llegamos a Bangkok. Lo primero era pasar el control de inmigración, así que corrimos por la terminal para intentar evitar en la medida de lo posible la cola. Algo adelantamos, pero aún así estuvimos esperando media hora más o menos a pasar el control. Lo siguiente era nuestro gran miedo, ¿habría viajado nuestras mochilas en nuestro avión? ¿Estarían intactas o nos habrían metido droga después de 15 horas en Estambul? Por suerte las mochilas estaban allí y sin ningún alijo extraño.
Decidimos que el día en Bangkok lo utilizaríamos para ir a Ayutaya pese al cansancio acumulado. Ayutaya es una ciudad que se encuentra a una hora de Bangkok y que posee un parque con un montón de templos budistas. Al fin y al cabo era nuestro primer día y no estábamos saturados de momento. La otra opción hubiera sido el hacer esta excursión el último día, pero pensamos que después de ver Angkor Wat era muy probable que Ayutaya nos decepcionase.
Comenzamos a preguntar como llegar al centro de la ciudad y... Sorpresa! Los tailandeses saben casi tan poco inglés como sus primos chinos y japoneses. De hecho como dice Diana cree que es igual que les hablemos en castellano o en inglés porque nos van a entender lo mismo. La mejor forma de llegar del aeropuerto al centro es cogiendo el tren que cuesta 45 Bats (1,5 euros). En media hora estábamos ya al lado de Victory Monument, desde donde salen las furgonetas hacia Ayutaya. Teníamos un problema, necesitábamos dejar las mochilas y no había consignas.
Preguntando encontramos un hostel que nos permitieron dejar allí las mochilas en su consigna y hasta darnos una ducha por unos 4 euros. Llevábamos desde el viernes por la tarde sin ducharnos y ya nos hacia falta. Aunque nos retrasase, era necesario para que los tailandeses no comenzasen a rechazarnos por nuestro mal olor.
La temperatura aquí es de unos 30 grados y la humedad muy alta, por lo que después de la ducha a los 5 minutos estábamos de nuevo sudados. De primeras Bangkok me ha parecido una combinación entre Pekín y Tokio... La ciudad es sucia y con edificios muy decadentes como Pekin y puestos de comida callejera, pero también hay enormes autovías que cruzan la ciudad con pasos elevados para peatones como en Tokio y establecimientos 7eleven por todas partes.
En cuanto a los tailandeses de primeras me han resultado gente muy agradable y colaborativa. Por toda la ciudad hay enormes (y cuando digo enormes son muy enormes) fotos de una mujer que creemos que es la presidenta del país. Y no, no son elecciones.
Era ya la 1 de la tarde cuando cogimos el mini autobús hacia Ayutaya. Nos pidieron 50 Bats por este trayecto de una hora (1,5 euros) y ni regateamos. Aprovechamos el camino para echar una siesta y comer lo que habíamos comprado minutos antes en el 7eleven para llevar y aquí Dani ha tenido su primer encontronazo con la comida asiática... Porque no, aquí no todo sabe a cerdo agridulce, pollo al limón y tallarines con gambas... La comida asiática tiene un sabor muy distinto.
Dani y yo cogimos un plato de arroz con pescado muy picante que él no pudo acabar y casi si te descuidas ni empezar. Aparte compramos unas patatas fritas con sabor a alga nori, que tampoco le agradaron y un té que sabía a té, no a Nestea. Diana fue más lista y comió algo más occidental, un sándwich de jamón York y queso. No nos atrevimos con los huevos de a saber que ave rosas por fuera, negros por dentro... Quien sabe ¿tal vez el último día?
Ya en Ayutaya, las furgonetas te dejan en un centro comercial desde el que hay un buen camino hasta los templos. Aquí nos ofrecieron tours por unos 33 euros para los tres, pero preferimos ir a nuestro aire. Por 75 céntimos cogimos una furgoneta colectiva que nos dejó en el parque donde se encuentran los templos y ya de ahí nos movimos.
Estas ruinas arqueológicas se construyeron por lo que leímos entre los siglos XIII y XV y son una buena opción para pasar el día. Hay 6 templos que son especialmente importantes y entrar a cada uno cuesta 1,5 euros. Nosotros sólo pagamos por uno de ellos porque lo cierto es que todos se pueden ver relativamente bien desde fuera. El paseo por el parque es muy agradable. Hay varios lagos donde la gente se mete a pescar con red... No sabemos si para consumo propio o del turista en algún puesto callejero (esperemos que no). Alrededor más Wats, para los más importantes habrá que pagar.
Especialmente espectacular fue un templo pagoda blanco que suponemos que será bastante nuevo y que en su interior alberga un enorme Budha de 10 metros dorado que la gente estaba venerando. En los alrededores del parque se puede dar un paseo en elefante. Los animales no se les vía especialmente mal cuidados, pero no deja de ser un circo verles con esas sillas de montar que les ponen encima.
Andando se puede hacer de forma relativamente sencilla, aunque hay varios templos alejados que para llegar se tiene que ir en Tuc Tuc o en bicicleta de alquiler. Nosotros llevábamos mucha tralla encima y preferimos hacerlo de forma tranquila con paradas para tomar algo.
Intentando encontrar un pequeño Budha recostado nos encontramos con una fiesta universitaria de la facultad de tecnología. Dentro de un recinto había música y Diana y yo quisimos pasar a ver qué había. Dani más comedido se quedó fuera y se perdió un momentazo del día. En un sótano estaba una banda tocando en directo y todos los jóvenes tailandeses bailando y saltando. Al vernos se nos acercó una chica a bailar con nosotros... Y acto seguido un chico, y ahí fue cuando empecé a darlo todo y a bailar con ellos enseñándoles mis mejores pasos de baile. Quedamos en empate, qié forma de descoyuntarse! Nos hubiéramos quedado más tiempo pero cuando estaba en mi punto más álgido Diana me obligó a abandonar el recinto mientras mis nuevos amigos tailandeses me ovacionaban.
Ya estaba anocheciendo y lo peor, estábamos al otro lado de la zona turística, sin Tuc tuc que coger y amenazaba tormenta. Por suerte cuando llevábamos un rato andando pasó un Tuc Tuc que pudimos parar y nos llevó hacia la estación de furgonetas. A las 20 pasadas estábamos de vuelta a Bangkok.
Las calles estaban llenas de puestos ambulantes de imitaciones, ropa y comida. Aunque ya es de noche y el calor no es tan alto, la sensación de humedad sigue siendo brutal. Recogímos nuestras mochilas del hostel puente y cogimos un Tuc Tuc que nos llevase a donde íbamos a pasar la noche. Madre mía... El Tuc Tuc iba a una velocidad digna de un Ferrari, se metía por las calles en dirección contraria y esquivaba motos, coches, transeúntes y bicicletas... Parecía que estábamos en una persecución de un película de Jackie Chan. Llegamos al centro de la ciudad y de repente vemos dos espectaculares Palacios y todos los árboles decorados con guirnaldas de luces. El último día habrá que investigar toda esta zona.
El conductor nos explica con algunas palabras inglesas que es el 85 cumpleaños de la reina (que por cierto es la mujer omnipresente en fotos) pero que las luces son a diario. Eso es pasión por la monarquía y no la de los ingleses.
Llegamos sanos y salvos al hostel, la experiencia Tuc Tuc nocturno por Bangkok ha sido cuanto menos emocionante. Dani ya ha experimentado la comida china y ahora va a probar los hostels en países en vías de desarrollo. Este de todos modos no está del todo mal. El baño está fuera de la habitación y la habitación la compartimos con siete desconocidos más, pero al menos es limpia. El dueño es un sueco de unos 30 años cuya esposa es tailandesa. Nos recomienda cenar en los bares cercanos y eso hacemos, estamos cansados para ir mucho más allá. Pese a que la famosa calle Kaosan está cerca, la cama tira más de nosotros.
Donde cenamos es una combinación entre comida tailandesa y vegetariana con platos combinados. Bastante rico aunque yo hubiera comido algo más "tradicional", aunque es cierto que posiblemente en tres días aborrezca totalmente la comida. A las doce estamos ya en la cama, en algo menos de cinco horas nos toca levantarnos, nuestro vuelo a Hanoi sale a las 6'45 de la mañana.












Chicos nos hemos partido el culo con la aventura del Tuc-Tuc.... No vayáis tan deprisa que os queda mucho por delanteeee. Besosssss para los tres deTita Conchi y Pilar
ResponderEliminarNo quiero ser aguafiestas....pero se lee supermal el blog....
ResponderEliminarNo quiero ser aguafiestas....pero se lee supermal el blog....
ResponderEliminarMenos mal,ahora ya se lee bien. Un beso y a seguir contando vuestras aventuras
ResponderEliminarJajajaja....hola chic@s: no se por qué me da que os estáis haciendo mayores..
ResponderEliminarSigo leyendo el blog....