sábado, 29 de agosto de 2015

De paso por Constantinopla

Estambul, 29 de octubre de 2015

El vuelo a Estambul no fue en absoluto tranquilo y no, no fue por las turbulencias, en ese sentido fue un paseo por las nubes. A las 23,15 embarcábamos y a medianoche salíamos del aeropuerto Lina Morgan Madrid Barajas (hemos decidido que le cambiamos el nombre unilateralmente y que a partir de hoy cada vez que un avión despegue suene la canción de agradecida y emocionada). Al lado de Dani una mujer que se veía desde el primer momento que iba a dar mucho juego... Todo empezó como una inocente pregunta sobre el sistema de películas, para derivar en un interrogamiento de tercer grado sobre dónde íbamos y qué íbamos a hacer... Mientras ella le contaba que realmente iba a Alemania pero que esta vez iba por Turquía. 



Eso no fue nada, lo mejor fue la cena con espectáculo. La comida de Turkish Airlines es especialmente buena, pero con esta mujer fue mejor. "Me han dado la cena fría" le dijo a su hija. A partir de ese momento comenzó CSI Turkish... Déjame tu pollo, voy a ver tu arroz, cómo es tu papel de envoltorio, mira el mío... Todo derivó en desastre familiar bronca madre-hija ante nuestras atónitas miradas. La mujer consiguió su propósito finalmente, tener doble ración de pollo. Y no sólo eso... Porque yo como siempre después de la cena desconecté. También consiguió almohada, manta y si te descuidas hasta pasar a clase business. 

A las 5,30 (una hora menos en España) llegamos a Estambul. Habíamos dormido 3 horas y media en el mejor de los casos y nos esperaba un día duro por delante. 14 horas para recorrer la ciudad de cabo a rabo. Diana y yo ya habíamos estado antes (yo hace tan sólo año y medio atrás), así que cogimos un tren que cuesta 4 liras y te deja relativamente céntrico. La opción más cómoda y económica es coger el tour gratuito de 9 a 15 que la propia Turkish ofrece a sus pasajeros en tránsito cuando las escalas son largas, pero en nuestro caso no tenía sentido. En 30 min estábamos andando por el centro de la ciudad y en otros 30 minutos enfrente de la Mezquita Azul y Santa Sofía.



A estas horas llegaban los primeros grupos de turistas. Así que pudimos ver ambas construcciones sin muchos guiris. La Mezquita azul es gratuita pero para visitarla hay unos horarios específicos, ya que el resto del tiempo se dedica al culto. En Santa Sofía sin embargo la entrada cuesta 30 liras y está abierta hasta las 18 de la tarde. Fuimos a la primera, una vez más me gustó mucho, fuimos a Santa Sofía, y esta vez la pude disfrutar muchísimo más aún... Por fuera me quedo con la Mezquita Azul, pero por dentro sin lugar a dudas con Santa Sofía y su arquitectura de mezclas. En la parte superior hay algunos mosaicos espectaculares y la grandiosidad de su cúpula la hace especial.

De Santa Sofía cruzamos la calle para entrar una vez más en la cisterna de medusa. Su precio son 20 liras, pero también es una visita muy recomendada por la paz que se respira dentro de ella. Al fondo estaban las dos famosas cabezas de medusa, pilares de dos de las 338 columnas que conforman la cisterna.



Lanzamos una moneda al estanque pidiendo un deseo al dios del viaje. Ya os contaremos si se cumple.

De las cisternas bajamos hacia el Bósforo, pasando por la estación del Orient Express, que yo no vi en mi visita anterior. Dentro de la estación hay un pequeño museo gratuito con objetos relacionados con el famoso tren. De ahí al mercado de las especias, una decepción para Diana, que vió que este mercado se había transformado totalmente en diez años desde que ella lo visitó, convirtiéndose en una atracción turística que ya nada tiene que ver con lo que ella recordaba. Es cierto que el mercado de las especias no deja de ser una calle techada llena de productos típicos para que los turistas nos dejemos las divisas, pero es tal su fama y está tan cerca del puente y la torre de Galata, que no visitarlo sería un delito.



Poco a poco el cansancio iba apariciendo... Durmiendo poco, con temperaturas en incremento, vejiga a punto de explotar (no íbamos a pagar la lira que nos pedían por pasar al baño en la estación de trenes) y hambre acuciante, pensamos que lo mejor era recuperar fuerzas cruzando al otro lado e ir al café justo debajo de la torre de Galata que también tiene unas vistas estupendas y es bastante más barato. 

Ahí nos sentamos y nos tomamos algo disfrutando de las increíbles vistas de Estambul. Dani alucinaba de la cantidad de mezquitas que había en el horizonte y el tamaño de todas ellas, no es para menos. Ya era hora de pensar en comer algo, y aunque en un primer momento pensamos en comer un famoso bocadillo de pescado del puente de Galata, finalmente el kebab ganó la batalla. Por unas 10 liras (3 euros) tuvimos nuestro durum con bebida.



Para la digestión nos metimos en los jardines de Ottopark a echar una mini siesta, justo debajo del palacio de Topkapi que no nos dió tiempo a visitar. Los ojos se nos cerraban por momentos y las piernas pedían un respiro. Bromeábamos con quedarnos dormidos y perder el avión a Bangkok. A las 15 de la tarde vencimos la pereza y empezamos a andar de vuelta al aeropuerto.

El dios del viaje ha dado su primer castigo a Diana. Estaba tan obsesionada con ver de nuevo el Café de Pierre Loutin y sus vistas de la ciudad y el cuerno de oro (¿se escribe así?) que la castigo sin tiempo para podernos acercar. A cambio le ofreció las vistas del café donde estuvimos, no tan espectaculares pero igualmente interesantes.



Nos despedimos de Santa Sofía y la Mezquita Azul y volvimos sobre nuestros pasos haciendo una parada en el Gran Bazar, que Diana tampoco recordaba así... Son muchos años desde que ella vino y está claro que el turismo masivo ha hecho que lugares como estos pierdan su encanto y naturalidad. Como curiosidad ella tampoco recordaba tanta gente con burkas por la calle, y si soy sincero yo hace año y medio tampoco vi tantas mujeres con Burka como ahora.

Agotados llegamos al aeropuerto... Casi 20 kilómetros hemos hecho andando hoy que era nuestro primer día de aventura. No está nada mal para haber dormido poco más de tres horas. La escala de Estambul ha sido breve pero intensa, siempre es un placer visitar de nuevo este lugar tan especial. En breve salimos hacia Bangkok y otra noche más que pasaremos en un avión. Hoy seguro que caeremos rendidos y sólo el carrito de las comidas nos despertará.



5 comentarios:

  1. Otra vez en una de tus ciudades favoritas. Un besazo y a seguir viaje

    ResponderEliminar
  2. Chicos!!! Que bonita es Estambul nos trae unos recuerdos estupendos.. Bueno a disfrutar. Besosssss de la Tita Conchi y de Pilat. Os seguimos

    ResponderEliminar
  3. Un lugar q me encantaría visitar...pasadlo bien

    ResponderEliminar
  4. Un lugar q me encantaría visitar...pasadlo bien

    ResponderEliminar
  5. Hola chic@s: que rabia me da, no he tenido wifi en todos estos días. Estáis súper guapísimos, como siempre.
    Que pena el cambio por el turismo.
    Bueno, voy a seguir por el blog que voy muy atrasada.
    Un beso

    ResponderEliminar