Bahía de Halong, 5 de septiembre
No correr las cortinas para dormir con el paisaje de Halong tuvo sus consecuencias.... A las 5 de la mañana amaneció y la claridad nos despertó. Intentamos dormir un poco más, pero ya no nos fue posible. Por la mañana varios de los barcos desplegaron sus velas, típica imagen de la bahía. A las 7:30 estábamos desayunando y a las 8 en el pequeño bote camino a una granja de perlas.
La visita a la granja fue bastante interesante. Nos enseñaron el proceso de cultivo de ostras y la generación de perlas. Vimos cómo se introducía una pequeña bola en cada ostra una por una para que luego éstas crearan su nácar sobre ella. Esto en la naturaleza se formaría encima de un grano de arena, pero aquí lo cultivaban en un proceso mitad natural, mitad artificial. Aun así después de entre 3 y 6 años, sólo uno 10% de las ostras tenían una perla con la calidad suficiente para ser puestas a la venta. De la granja de perlas volvimos al barco y nos adentramos un poco más entre las montañas de la bahía.
El agua de Halong refleja la frondosa vegetación de las peñas que la salpican y es de un color verde intenso. Invita a saltar desde el barco y bañarse para sofocar el calor húmedo que hace. A mitad de camino un barco más pequeño llegó para recoger a algunas de las personas del nuestro que tenían un día más contratado en la isla de Cat Bat. A nosotros nos dio mucha envidia. No teníamos más días para gastar en Halong pero nos hubiera encantado llegar un poco más allá. Realmente merece la pena y mucho pasar al menos un día más aquí disfrutando de este entorno.
Nuestro barco giró y puso rumbo de vuelta al puerto de Halong. En los dos días no paramos de hacer fotografías, pero ninguna de ellas ni de lejos capta la belleza de este sitio. Es algo que hay que ver en persona. Tras la comida, que una vez más fue excelente, tan sólo quedaba poco más de media hora de crucero. Salimos a la proa del barco y disfrutamos de nuestros últimos minutos navegando.
Un grupo de tres chinos con los que apenas habíamos hablado nos invitaron a un café vietnamita mientras llegábamos. Este café es famoso porque una especie de roedor se come los granos de arroz y los defeca, eliminando ciertas impurezas del grano y haciendo que su sabor sea aún mejor. La verdad es que está muy bueno, tiene como un cierto sabor a chocolate y ni siquiera le ponen azúcar, pero ni de lejos vale lo que cuesta: un pequeño paquete en las tiendas son 10 euros, aunque eso sí, en España se vende por unos 50. También estuvimos hablando con otra china que nos contó que trabajaba para una empresa española en Hong Kong de exportaciones de mármoles y que ese era su viaje de graduación ya que después de él apenas tendrá una semana de vacaciones al año.
El pequeño barco nos acercó al puerto, era nuestra última vista de Halong. Nos subimos al autobús y 4 horas después estábamos de vuelta en Hanoi. Halong es uno de los hitos de este viaje, de esos lugares de referencia en un país que cuando te pregunten calificarás como algo imprescindible. Nos quedamos con las ganas de pasar al menos un día más aquí, quien sabe si volveremos en algún momento en el futuro.
Nuestras últimas horas en Hanoi las pasamos callejeando y viendo tiendas, por supuesto también comprando. Diana y Dani tienen bastante peligro en estos sitios, yo es que las cosas asiáticas en general como que no van mucho conmigo. Dani hizo sus primeros intentos regateando pero no se le da muy allá... Compró una camiseta que la mujer se la bajó ligeramente por pena. Antes de que ella bajase el precio una sola vez ya había subido él a su máximo... Lo cierto es que los vietnamitas son tan agradables que te da pena regatear con ellos. Las calles estaban una vez más abarrotadas de gente, ¿sería porque era sábado o simplemente es que la gente de este país hace vida en la calle a diario? Hoy las calles del centro estaban cerradas al tráfico y había un mercadillo. Aun así algunas motos se colaban y seguían circulando entre la multitud. Nosotros cada vez estamos más integrados con la gente del país. Da gusto pararse y tratar de conversar con ellos, y digo tratar porque apenas entienden el inglés.
Cual vietnamitas nos fuimos de tapeo asiático, nos sentamos en la calle en unos taburetes de plástico y pedimos unas cervezas y algo para picar. Simplemente ver la gente pasar ya es un espectáculo en sí mismo. Hay grupos callejeros que invaden los cruces de calle y la gente se sienta a verlos. Fuimos a otro lugar, no era muy limpio, pero parece que nos estamos envalentonando a probar cosas, la cocina al menos estaba en plena calle, así que por lo menos veíamos qué y cómo nos preparaban la cena. Pedimos unos tallarines con ternera y unas gambas con setas. Todo estaba muy bueno y era bastante barato. La comida aquí es asiática pero mucho más variada de lo que era en China.
La gente también es diferente a la china, tienen un carácter más occidental, les gusta disfrutar de la calle, salen a tomar algo y consumen. Las chicas van solas o en grupo y nadie se extraña de ello. El trabajo y el deber no lo es todo para ellos, la diversión también forma parte de su cultura. Volvimos al hotel andando pronto, nos hubiera gustado quedarnos más, pero al día siguiente nuestro vuelo salía a las 6:45 de la mañana hacia Danang en el centro del país.












Hola chic@s: fotos guapas guapas. Me dais una envidia con la comida que ni os imagináis. Alfonso muy guapo con los plátanos, pareces del lugar. lo único que no envidio es el calor.
ResponderEliminarDiana como siempre la mas guapa.
Muchísimos besos :D
Las fotos muy chulas,como todas que estaus poniendo hasta ahora,seguid fisfrutando. Me uno a lo que dice Cruz, Diana la mas guapa,jaha,. Un besazo para lis tres
ResponderEliminarChicos que pasada de. fotos , que envidia nos estáis dando,y la comida que. rica. Seguir disfrutando besos para los tres de la tita Conchi. y. Pilar. Ah. Diana la mas Guapaaaaaaa
ResponderEliminarChicos que pasada de. fotos , que envidia nos estáis dando,y la comida que. rica. Seguir disfrutando besos para los tres de la tita Conchi. y. Pilar. Ah. Diana la mas Guapaaaaaaa
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