Hue, 7 de septiembre de 2015
A primera hora de la mañana cogimos un bus de Hoi An a Hue. El trayecto en coche privado no creo que sean más de 2 horas, pero a nosotros se nos convirtió en cuatro horas y media. Primero nos metieron en una furgoneta que nos dio una vuelta por todo Hoi An recogiendo a más gente por los distintos albergues y hoteles. Con la furgoneta ya bien llena 30 minutos después nos llevaron a la estación de autobuses que estaba al lado de nuestro Hostel.
El bus era cama pese a que viajábamos de día. Dani cada vez odia más estos buses, para mi son una maravilla que deberíamos de exportar a España ya. Todo depende de la capacidad que tenga uno para dormir. En esta ocasión nos fuimos de nuevo a la parte de atrás donde hay varias camas juntas... Pero en vez de tres camas en esta ocasión eran cinco... Error! El bus se fue llenando y acabamos compartiendo cama con dos desconocidos más durante cuatro horas.
El camino de Hoi An a Hue se hace por toda la costa. El paisaje está lleno de contrastes, por un lado se ven bonitos pueblos de pescadores y por otro grandes resorts de lujo que explotan las paradisíacas playas de la costa vietnamita. Se ve que el sector está explotando porque también hay enormes resorts en construcción que en pocos años seguro que modificarán el actual encanto del lugar.
A las 12 llegamos a la estación de autobuses de Hue. Según nos bajamos varios motoristas nos ofrecieron llevarnos en moto. No lo cogimos, según la hoja de reserva el hostel estaba a 7 minutos andando. Los 7 minutos se convirtieron en unos 20, que con la mochila a cuestas y el calor sofocante lastraron la moral de Diana y Dani. Nuestro hostel estaba al lado del río del perfume que baña la ciudad. Hay varias teorías sobre el origen de su nombre. Por un lado se dice que por el río bajaban los mercaderes de perfume. Otra teoría dice que a orillas del río hay varios monasterios budistas y el río arrastra el olor a incienso de estos monasterios. A nosotros nos olió a río, sin más.
Hue fue la capital de Vietnam hasta 1945, pero la guerra la destruyó casi por completo. Aún así aún conserva las murallas de la antigua ciudadela y en su interior se encuentra la ciudad púrpura, el antiguo palacio de los emperadores, muy del estilo de la ciudad prohibida de Pekín. Con tan sólo unas horas para visitar la ciudad, pensamos que lo mejor era ir directamente a visitar la ciudad púrpura. La entrada cuesta unos 6 euros pero posiblemente sea la atracción turística más interesante de la ciudad.
Recuerda inevitablemente a la ciudad prohibida aunque su tamaño es muchísimo menor. Toda la fortaleza está bordeada por un foso con cientos de nenúfares donde la gente local pesca. En belleza yo diría que supera a la ciudad prohibida, o tal vez es porque hemos tenido la suerte de visitarla sin apenas gente. En su interior hay distintos edificios con las salas del trono, mausoleos de los antiguos emperadores y estancias de recreo. Hay zonas en restauración y muchas otras que directamente están derruidas por la guerra y pese a los esfuerzos de conservación no han sido reconstruidas.
La visita nos llevó algo más de dos horas y ya se nos había pasado la hora de comer. Intentamos buscar algo occidental para comer por primera vez, pero buscando en internet vimos que sólo en 2013 se abrió el primer McDonalds en Ho Chi Minh, por lo que desechamos la idea y fuimos a un sitio recomendado en varios sitios de internet. El local era bastante cutre pero la comida no estaba nada mal. Probamos un plato típico de Hue, una especie de empanadilla grande y abierta con gambas y setas. Al parecer Hue es uno de los mejores sitios para comer en todo Vietnam, aquí hubo un emperador que amenazaba con matar a sus cocineros si le servían en su vida un plato que ya hubiera probado antes. Dani se pidió unos tallarines rebozados y fritos con ternera que sabían como triskis.
Con el estómago lleno y empezando a atardecer, decidimos visitar la pagoda octogonal de Thien Mu, a orillas del río del perfume. La mujer del bar nos buscó un taxista que nos llevó hasta allí, nos esperó y nos trajo al hotel. Es la primera vez que nos pusieron el taxímetro y el precio fue bueno, así que acordamos con él también que a la mañana siguiente nos fuera a buscar al hotel para llevarnos al aeropuerto.
El visitar la pagoda al atardecer fue todo un acierto. El sol se escondía tras las montañas del río del perfume y resaltaba la belleza del lugar. La pagoda era muy bonita, pero más que eso, resultaba armoniosa. Tras ella se encontraba un monasterio budista donde había varias decenas de jóvenes allí viviendo. Paseamos por el monasterio libremente, ellos apenas reparaban en nosotros y seguían charlando o jugando al fútbol en grupo. Cuando nos quisimos dar cuenta ya era de noche y volvimos al hotel.
A partir del día siguiente ya no teníamos ni alojamientos ni ruta fija a través del río Mekong para llegar a Camboya, así que estuvimos viendo antes de cenar las distintas posibilidades. Finalmente lo decidiríamos una vez que estuviéramos en la estación de autobuses de Ho Chi Minh. Posiblemente la de esa noche sería nuestra última cena decente en Vietnam, así que decidimos ir a un lugar con muy buena pinta cercano al hotel.
Nuestra última cena fue especialmente divertida. El restaurante tenía en cada mesa una especie de fogón y un extractor de humos para que te hicieras tu propia comida. Pedimos una "olla caliente" de verduras, gambas y carne con fideos. A partir de ese momento nos convertimos en el espectáculo del restaurante. Los camareros nos iban explicando como prepararnos la comida. Primero teníamos que echar las gambas y después la verdura, la carne lo último y los fideos directamente nos los echábamos en los cuencos donde posteriormente nos echaríamos la sopa con verduras. Sólo les faltó hacernos fotos mientras cenábamos.
Después de la cena nos invitaron a jugar una partida de Yenga. La verdad es que disfrutamos casi más con ellos que con la cena. El día en Hue no dio para mucho más... hay varios mausoleos de emperadores en las cercanías de la ciudad, pero no nos dio tiempo a verlos. Al parecer los emperadores vietnamitas se hacían enormes mausoleos para ser enterrados con todo lujo al estilo de los emperadores egipcios. Una pena, pero los días no dan para más y todavía mañana tenemos que bajar a Ho Chi Minh y comenzar nuestra ruta por el delta del Mekong.











Un beso chicos, muy bonito todo lo que estais viendo. Un abrazo muy fuerte
ResponderEliminarChicos vais a terminar dominando la comida asiática... Las fotos de la ciudadela que lujo verlo con tan poca gente. Muchos besos de Conchi y Pilar.
ResponderEliminarHola chic@s: pero qué suerte tenéis. Desde aquí todo se ve fantástico. Qué pena que tengáis que seguir viaje dejando tantas maravillas. Aprovechad al máximo y seguid contando. Los relatos muy buenos Alfonso.
ResponderEliminarCuidad mucho del tesorito. Besos a tod@s