martes, 8 de septiembre de 2015

La Antigua Saigón y el Mekong

Ho Chi Minh, 8 de septiembre de 2015

A las 7 de la mañana nuestro taxista nos estaba esperando en la puerta del hotel para llevarnos al aeropuerto. Es increíble la cantidad de vida que hay en las calles desde primera hora de la mañana. Todos los puestos callejeros están montados y muchos de ellos repletos de gente comiendo. El tráfico es ya abrumador desde esa hora. Incluso los días que hemos cogido taxis a las 4 de la mañana la ciudad ya estaba despierta. 



El aeropuerto se encuentra a unos 15km de la ciudad. Es bastante pequeño pero aún así nos subieron a un autobús para desplazarnos no más de 60 metros hasta el avión. Para hacerse una idea, si el aeropuerto hubiera tenido "fingers" hubiéramos entrado por él. En esta ocasión no nos libramos de facturar una de las tres mochilas, no sin antes vaciar las otras dos para que pesaran 7 kilos y entraran como equipaje de mano. Vietjetair se caracteriza por los uniformes de las azafatas, que van con pantalones cortos y una especie de tricornio de cuadros marrones. Además te ponen unas canciones muy pegadizas al despegar y aterrizar que estoy deseando buscar en YouTube. Durante el vuelo fui iluminado por el dios del viaje, al llegar a Ho Chi Minh iríamos a My Tho, pasaríamos la noche en Ho Chi Minh y al día siguiente cogeríamos una excursión al mercado flotante de CaiBe, el más cercano a Ho Chi Minh. Por la noche viajaríamos hacia Phnom Phem y finalmente llegaríamos a Siam Reap el día 10 por la mañana, después de ver My Tho y un mercado flotante (aunque no el de Can Tho, que es el más interesante). Así tendríamos dos días y medio para ver todos los templos de Angkor Watt.



A las 10 de la mañana aterrizamos en el aeropuerto de Ho Chi Minh que se encuentra  en el centro de la ciudad. Cogimos un taxi y le indicamos para ir a la estación de autobuses. No hay forma de que nos entiendan nunca la palabra "bus" que nosotros pensábamos que era universal. Este taxista llamó a un compañero para que le dijéramos a donde queríamos ir en inglés , pero no había forma de que nos entendiera. Usando un programa de traductor que se ha bajado Dani se lo conseguimos explicar. Salió del aeropuerto y nos paró en la primera parada de autobuses urbanos que nos encontramos. A base de mímica y decirle Camboya, parece que entendió que queríamos irnos de la ciudad y nos llevó a la zona turística de la ciudad. Ho Chi Ming es el nombre que recibió la antigua ciudad de Saigón cuando el país se independizó en 1975. Hoy en día se le sigue conociendo como Saigón, y de hecho las maletas al facturar llevan en su etiqueta las letras SAI.



Por el camino pudimos ver algunos de los edificios más emblemáticos de la ciudad, pero sinceramente, no merece la pena pasar un día aquí. Nos paró enfrente de varias agencias de viaje. En media hora habíamos resuelto los próximos días según nuestro planning y todo por menos de 40 euros por cabeza con noche de hotel en Ho Chi Minh con desayuno incluida. La mujer de la agencia nos acompañó hasta la estación de autobuses desde donde partiríamos a My Tho. Estación de autobuses por llamarlo de alguna forma, porque realmente todas las que hemos visto no son estaciones como tal, sino que son cochera con varias sillas donde esperar a que el bus pare enfrente.



Tras casi hora y media de viaje llegamos a My Tho. El paisaje al sur del país cambia y los campos de arrozales comparten protagonismo con las palmeras. My Tho es una de las entradas al Mekong. Cogimos un taxi hasta la parada de barcos. La mujer de la agencia nos lo había escrito en un papel en vietnamita para que se lo enseñáramos a un taxista. En la estación rápidamente se nos acercó un hombre a ofrecernos el tour de tres horas. Nos salió un poco caro, unos 10 euros por cabeza, pero ya eran las 15 de la tarde y nos quedaban pocas horas de sol. Lo bueno es que fuimos los tres solos.



El Mekong es un río enorme (el octavo más grande del mundo). Sus aguas son marrones y su corriente es tal que a las barcas las costaba acercarse al embarcadero para recogernos. Nos subimos a la barca y nos pusimos a cruzar el río hacia las islas de enfrente. Diana y yo por un momento tuvimos un Deja Vú y nos vimos casi 10 años atrás cruzando con un cayuco el río Gambia. Por suerte esta embarcación se veía más estable. 



La ruta por el Mekong se convirtió en una jornada gastronómica en toda regla. La primera parada fue un puesto donde nos dieron para degustar té, miel, polen y jalea real. De ahí pasamos a otro puesto donde nos pusieron distintos tipos de frutas exóticas y unas mujeres nos cantaron algunas canciones. Lychies, piña, sandía, papaya y una fruta rosada no muy sabrosa. Mientras disfrutábamos de la merienda de frutas comenzó a diluviar literalmente... El día estaba gris y había decidido descargar con la tormenta perfecta justo antes de comenzar nuestra ruta por los canales del río en barca. Por algún motivo el dios del viaje no había querido que nos subiéramos a la barca... Esperamos algo más a ver si escampaba, pero no tenía pinta... 






Nos acercamos al embarcadero aprovechando que en ese momento había bajado la intensidad de la lluvia. El canal era precioso. Cubierto de palmeras y cocoteros. Los barqueros nos dieron un típico sombrero vietnamita y nos invitaron a subir. Seguía lloviendo muchísimo, pero entonces lo vimos claro. El dios del viaje pedía una prueba de fé, realmente no nos había abandonado, así que pasase lo que pasase, aunque volviéramos empapados, decidimos subirnos en la barquilla. Como un milagro, dejó de llover casi automáticamente. El paseo duró unos 15 minutos pero nos encantó. Era un remanso de paz y parecía que estuviéramos en medio de la selva.





Nuestra siguiente parada era una degustación de productos de coco. Los caramelos no estaban mal. Diana se compró una mascarilla de pestañas. La última parada era la isla de los cocos, la más prescindibles de todas. Básicamente era un centro de ocio donde pasear por sus jardines, comer, tomarse algo y dar de comer a cocodrilos o pescar. No nos enteramos del todo bien, pero al parecer se podía comprar algo para echar a los cocodrilos que tenían en un estanque. Volvimos al barco y de allí a la estación de barcos del otro lado de la ciudad.



Ya eran las 5:30 de la tarde y nos quedaba menos de una hora de luz y dos horas hasta que saliera nuestro bus de vuelta a Ho Chi Minh. Decidimos ir a visitar la pagoda de Vinh Trang. La pagoda en sí es inexistente, al menos como nos las imaginamos con nuestra mente occidental, pero el lugar es muy recomendable de ver por las tres descomunales estatuas de Budha que hay. Básicamente es un centro budista moderno, no creemos que tenga más de un siglo. La primera de las estatuas es un Budha de pie que medirá fácilmente diez metros, tras él, el edificio con los altares para el rezo rodeado de jardines extremadamente cuidados y a la izquierda otro enorme Budha blanco sentado.



Las sorpresas no acaban ahí. Tras el Budha sentado hay otro recostado cuyos pies solamente calculo que medirán unos dos metros de alto. Será relativamente moderno aunque en Wikipedia dice que es de mediados del S. XIX, pero no deja de ser fascinante. La noche nos pilló en esta parte de la ciudad bastante alejada y nos costó un poco encontrar un taxi. A las 18,30 de la tarde estábamos en la parada-garaje del autobús. Apenas habíamos comido nada en todo el día y nos sentamos en las sillas de un puesto a tomar un refresco y probar distintos snacks con sabores a gamba, ternera y quien sabe qué más. Al poco nos gritaron desde la otra acera. Podíamos coger el bus un poco antes.



Según nos subimos al autobús comenzó una nueva tormenta. Está claro que el dios del viaje nos había acompañado durante el día. En el camino de vuelta nos cayeron rayos y más rayos que iluminaban el cielo de forma continua. Cuando llegamos a Ho Chi Minh con la lluvia no teníamos muchas ganas de conocer la vida nocturna de la ciudad (que seguro que la tendrá), así que fuimos al hotel, cogimos nuestros ponchos anti lluvias y por primera vez desde hace 11 días, tiempo récord para nosotros estando de viaje, nos fuimos al Burguer King a degustar un whopper. La comida vietnamita estará bien, pero después de tantos días, cambiar los noodles por un sabor reconocible fue maravilloso. Al día siguiente ya sí por fin sería nuestro último día en Vietnam.




5 comentarios:

  1. Vaya tamaño que tienen los budas!!!! Seguir informando ,un beso muy fuerte para los tres

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  2. Hola chic@s: Bonita bienvenida pasada x agua, jajajaja. Se os estaba dando demasiado bien. Qué decepción, ir a comer a un Burguer King, con las cosas tan ricas que hay por allí. ya contaréis mas cosas interesantes. Muchos besos :)

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  3. Chicos que bonito hasta con lluvia... Muy simpática la foto de Dani...,las fotos del río son muy de película de Vietnam pensé que estaba viendo a los americanos detrás de vosotros, ja ja ja .... A por Camboya !!!! Muchos besosss a los tres.

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  4. Con las descripciones q das,si añades más fotografías, ya no nos hace falta viajar..baja Yo voy a pensar q he estado en Vietnamita...

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