Bahía de Halong, 4 de septiembre
Pasadas las 4 de la mañana nuestro bus cama llegó a Hanoi. No tardamos en coger un taxi y llegar al hotel que tenía literalmente hasta la persiana bajada. Nuestro recepcionista nos abrió medio dormido y nos dió la llave de una habitación para que durmiésemos un rato y nos duchásemos si lo necesitábamos. La verdad es que coger con ellos mismos las tres excursiones fue un acierto por esto. Aquí el calor es muy húmedo y al poco de estar en la calle o andando estás empapado, por lo que las duchas son bastante necesarias.
A las 7 de la mañana bajamos a desayunar y a las 8:30 estábamos ya subidos a una furgoneta rumbo a la bahía de Halong. El día se había levantado lluvioso y muy nublado, esperábamos que en Halong el tiempo fuera diferente. En esta ocasión todos nuestros compañeros de viaje eran asiáticos, mayormente chinos, menos una pareja muy joven de alemanes que parecía que estuvieran enfadados. El camino por carretera hasta la bahía era de 4 horas y unos 200 km. En Vietnam parece que no hay zonas de carreteras despobladas. En todo momento se ven casas a ambos lados de la carretera. En ocasiones hay campos de arrozales, pero las casas están tras ellos.
Nuestro nuevo guía nos dió algunos datos interesantes del país por el camino. Son 95 millones de habitantes y el 80% de la población es comunista creyendo firmemente en el sistema político del país aunque claro es el único partido legal del país... Son gente muy orgullosa de su cultura y su fortaleza: han tenido dos guerras en su vida, contra Francia y contra los Estados Unidos y han vencido en ambas. Muchos vietnamitas que trabajan el campo se levantan a las 4 de la mañana para trabajar sus tierras hasta las 8 o las 9. A esa hora vuelven a sus casa a descansar hasta las 12 por ser horas de mucho calor, para retomar el trabajo después. El estado les anima a ahorrar energía eléctrica por lo que se acuestan poco después de que anochezca entre las 20 y las 21 de la noche.
Tras 4 horas de viaje por fin vimos en el horizonte las famosas montañas en el mar de la bahía de Halong. Al llegar estaba diluviando, parecía que el dios del viaje quería ponernos a prueba. Si el dios del viaje quería que viéramos Halong de este modo, había que aceptarlo. En el puerto cogimos una pequeña barca de madera que nos llevó a nuestro barco. El barco no era maravilloso pero tampoco estaba tan mal ni viejo como la gente suele contar. Es más, estaba bastante limpio y la habitación se podría decir que era hasta amplia.
El barco arrancó y en 10 minutos estábamos navegando por uno de los paisajes más increíbles que he visto. La naturaleza ha salpicado la bahía de enormes peñas que emergen del agua creando un laberinto acuático espectacular. La lluvia y la neblina no restaba en absoluto belleza a la bahía, e incluso la daba un aire de misterio. Daba la sensación de que al girar una esquina íbamos a poder cruzarnos con un galeón de piratas que fuera a asaltar nuestro barco. De hecho al parecer los asaltos piratas a barcos turistas fueron una constante en la bahía de Halong hasta hace más bien pocos años que el turismo ha explotado.
Mientras navegábamos nos dieron la comida. Fue excelente, de las mejores que hemos tenido de momento y muy variada: verduras, calamares, ternera, pollo, cerdo... Iban sacando distintos platos para que fuéramos picando de todos ellos, aunque sobre todo teníamos ganas de acabar de comer para poder subir a la terraza del barco y disfrutar del paisaje por el que estábamos pasando. El dios del viaje nos premió nuestra resignación y levantó las nubes. El día mejoró y hasta salió el sol.
Nuestra primera parada fue un puesto de kayaks. Nos dejaron navegar durante 45 minutos para que pudiéramos movernos a nuestro antojo. La verdad es que las piraguas eran bastante malas y los remos demasiado cortos y deformados, pero nosotros aprovechamos el tiempo como nadie. Salimos de la zona en la que nos dejaron y llegamos a otras dos peñas alejadas por las que se podía atravesar por debajo. Si desde el barco se veía enorme, desde el kayak aún más. En algunos lugares de las peñas la gente había creado altares donde ponían sus ofrendas. Desde abajo pudimos ver también como por desgracia el turismo había afectado a la limpieza de la bahía. Botellas de plástico, bolsas y manchas de aceite eran también parte del paisaje. Gente me había dicho que la bahía estaba sucísima. Tampoco es para tanto, pero sí que había basura en algunos lugares. Aún así disfruté como nunca del paseo en kayak y llegamos con todo el grupo ya esperándonos, aunque no era de extrañar porque no eran gente especialmente animada ni divertida.
La siguiente parada era una enorme cueva dentro de una de las peñas que descubrieron por casualidad la gente del lugar durante una tormenta intentado refugiarse de un tifón. En España la verdad es que de cuevas vamos bien servidos, pero reconozco que ésta era enorme y con algunos detalles que merecían la pena. La tormenta de la mañana había filtrado el agua que caía en pequeñas cascadas por las paredes. El guía nos contó que el techo era negro hasta hace unos años que el gobierno decidió pintarlo de blanco. Nosotros alucinamos un poco, era más importante que la Cueva se viera bonita a respetar la propia naturaleza y su formación.
De la cueva nos llevaron a una playa donde íbamos a poder nadar. La verdad es que esto sí fue bastante decepcionante. La playa era artificial y había que pagar por entrar en ella (a nosotros nos venía incluido). La zona de baño era muy pequeña y estaba limitada por unas boyas y ahí estábamos todos los turistas en remojo. Diana y Dani ni siquiera quisieron bañarse, yo sí me pegué un chapuzón. En la arena al menos se veían cangrejos y ermitaños y todo tipo de conchas. Lo mejor es que desde uno de los laterales pudimos ver el atardecer con el sol poniéndose tras las montañas de la bahía.
De ahí nos llevaron al barco donde nos recibieron con fruta y vino vietnamita. La cena también fue excelente y bastante variada respecto la comida. Antes de cenar nos invitaron a hacernos nuestro propio rollito vietnamita, que en esta ocasión no freímos. Se comía de forma similar a como se comen los burritos, pero en crudo y mojándolos en una salsa picante.
Tras la cena preguntamos a nuestro guía si nos podía contar la leyenda de la creación de la bahía de Halong ya que no había dicho nada. Yo le dije que había leído LA LEYENDA (y recalcó leyenda) de que la bahía fue creada por un enorme dragón que se había enamorado de una mujer y que fue a cogerla creando con su cuerpo estas formaciones, que se entienden que sería la columna del dragón. El hombre, nos miró con cara de condescendencia y se río y nos dijo básicamente que no, que la bahía no se había creado así, que eso eran historias que se había inventado la gente y que se creó por la naturaleza... Vamos que básicamente nos dió a entender que éramos retrasados porque pensábamos que los dragones existían y que habían hecho eso...
Nosotros ya no quisimos preguntarle más, entre muertos de risa y avergonzados porque pensase eso, subimos a la azotea y nos tumbamos. El barco se movía ligeramente, acercándose y alejándose de una de las peñas que teníamos relativamente cerca. En el cielo había claros desde los que se veían las estrellas e incluso vimos una estrella fugaz. Uno de los chicos del barco se acercó para animarnos a que cantásemos en un karaoke, pero viendo el ánimo que había en el barco y lo "salados" que eran todos nuestros compañeros, preferimos irnos a nuestro camarote a dormir. Apagamos la luz, pero no corrímos las cortinas. Queríamos disfrutar de la espectacular vista y la calma nocturna de la bahía de Halong.












Que bonita es la bahía de Halong.... Me encanta casi solo por eso merece la pena el viaje... Muchos besossssbde Conchi y Pilar... A gozar,!,,!,,!,
ResponderEliminarQué envidia, todo parece increible. Un beso y a seguir disgtutando. Y un abrazo
ResponderEliminarHola chic@s: como os lo pasáis. Creo que os estáis enamorando del lugar. No vais a querer volver.
ResponderEliminarMuchos besos y grabaros en la mente tooooodo :)