Hoi An, 6 de septiembre de 2015
A las 4 de la mañana sonaba nuestro despertador en Hanoi. Teníamos que coger un vuelo a las 6:30 de la mañana que nos llevase hasta Danang, una enorme ciudad en el centro de Vietnam. Esta vez los vuelos eran con Vietjetair, la los cost vietnamita. Nuestro destino era Hoi An, un pequeño pueblo costero a una hora de Danang famoso por sus muchas sastrerías. Para que os hagáis una idea Danang y Hoi An son las versiones vietnamitas de Alicante y Benidorm pero con encanto.
Danang tiene más bien poco que ver. Uno de sus mayores atractivos es un moderno puente con forma de dragón que la verdad no merece mucho la pena. Cerca de Danang está la montaña de mármol. Nosotros no nos acercamos porque en las fotos no nos llamaba mucho la atención y no teníamos mucho tiempo, pero hay excursiones desde Hoi An y se puede hacer por cuenta propia. También cerca de Danang está Ba Na Hills, un resort en la montaña que imita a un pueblo francés y que está más orientado a los vietnamitas que a los turistas europeos.
El calor al bajar del avión era aún más asfixiante que en Hanoi, 36 grados y una humedad altísima. A los tres minutos de bajar del avión estábamos empapados. Los vietnamitas sin embargo es curioso como van tapados de arriba a abajo, casi siempre con pantalones largos y camisas de manga larga y a pocos hemos visto sudar, y mucho menos como sudamos nosotros. El aeropuerto de Danang está dentro de la ciudad, nos dijeron que llegar a Hoi An eran 25 dólares en coche privado, pero preferimos ahorrarnos algo de dinero e ir en bus público. El bus se encontraba a 15 minutos andando.
Preguntando a la gente conseguimos llegar a un parque donde supuestamente bordeándolo llegabas a la estación de autobuses. No hizo falta, al preguntar a una mujer justo vió pasar el bus por la carretera de enfrente y nos lo paró. Del autobús se bajó un hombre que nos ayudó a cruzar la carretera plagada de motos y casi en marcha nos subimos ayudados por otro hombre que tiraba de nosotros para arriba. Alucinados nos quedamos. Sin apenas darnos cuenta estábamos ya camino de Hoi An y aquel bus iba cargando y cargando más gente sin necesidad de que hubiera una parada ni de que frenara. Incluso las mujeres más mayores cargadas de paquetes subían y bajaban del autobús en marcha ayudadas por los dos hombres encargados precisamente de "lanzar" a los pasajeros dentro. A veces parecía incluso que estábamos secuestrando a gente. Uno de los autobuseros se bajaba, cogía a alguien de la mano y lo subía al bus y todo ello en movimiento.
En el autobús una joven vietnamita se giró y nos preguntó en castellano que si éramos españoles. La chica había estudiado 2 años nuestro idioma y lo hablaba bastante bien. Los vietnamitas en general para ser asiáticos son bastante sociables y abiertos y no rehuyen tanto el contacto físico como los chinos o japoneses. Nos dijo que teníamos que pagar algo menos de un dólar por el billete, pero ya era tarde nos habían cobrado casi medio dólar más. Habrá que pensar que es la tarifa turista (por no decir la turistada). En una hora habíamos llegado a Hoi An. Nuestro hostel estaba a 5 minutos andando de la estación, pero con el calor que hacía acabamos chorreando.
Lo primero que hicimos fue ir a buscar un sastre, Diana quería hacerse un traje de boda. Hay varios, pero nosotros elegimos Kimmy. Es un poco más caro que otras sastrerías pero mucho más profesional. Nada más llegar nos sentaron, nos dieron una botella de agua y un iPad a cada uno para ver los diarios modelos de traje, camisas, abrigos, etc... que tenían y una modista nos comenzó a aconsejar. A mi me tocó Madonna, supongo que sería su nombre de guerra. Finalmente Madonna me convenció para hacerme un traje. Elegí la tela de calidad media y me salió por 120 dólares. Vamos lo que pagaría por el traje como mucho en España pero hecho a medida. Diana por su parte le enseñó a la chica lo que quería y ella lo pintó en papel.
Nos empezaron a tomar medidas. Madonna empezó a flirtear conmigo, supongo que lo harán con todos los turistas. Me preguntó si Diana era mi mujer y si tenía novia en España para acto seguido decirme que ella no tenía novio en Vietnam. Nosotros nos reímos y la seguí el juego diciéndole que por la tarde cuando fuera a buscar el traje la iba a buscar para tomar algo. Diana se hizo un abrigo aparte. A las 18 de la tarde teníamos que pasar a probarnos el abrigo y mi traje. Diana debía de volver a las 19:30 para probarse el vestido.
Aprovechamos para descubrir Hoi An, pero antes paramos a comer algo. El casco antiguo de Hoi An no es muy grande. La entrada cuesta 6 euros y te da acceso a 5 museos y casas antiguas. La verdad es que no merece la pena pagar esos 6 euros. Las casas que se pueden visitar son pequeñas y no muy distintas de otras de las casas que tienen cafeterías y tiendas. El pueblo es patrimonio de la humanidad y tiene influencias chinas, japonesas y europeas. Este centro urbano está cerrado al tráfico y sólo se puede acceder andando o en bicicleta, algo muy de agradecer por la tranquilidad que le da.
Lo más famoso del pueblo es un antiguo puente japonés que cruza uno de los canales y que está custodiado por unas estatus de perros a un lado y ranas al otro. Las casas parecen coloniales pero su interior es de madera imitando el estilo japonés. A mi me recordó bastante al barrio de las geishas de Kyoto. Hacía muchísimo calor, así que aprovechamos para entrar en uno de los museos. Allí una de las mujeres nos explicó el proceso de creación de la seda y nos hizo una demostración de cómo distinguir seda natural de imitaciones. Básicamente cuando se quema la seda natural huele a pelos quemados, las imitaciones pueden oler a plástico o papel según la composición que tengan. Nos dimos cuenta que en Vietnam cualquier sitio es bueno para echarse una siesta y más cuando el calor aprieta. Había varios hombres y mujeres durmiendo encima de algunas de las piezas de colección del museo.
Entramos en otra sastrería por curiosidad. Nos ofrecían los abrigos por menos de 40 dólares y las camisas a medida por menos de 20. Decidimos probar suerte. La calidad no era la misma que la de Kimmy pero tenían muy buen precio. Dani y yo encargamos una camisa y un abrigo cada uno. Llegamos a un mercado donde se podía comer en puestos dentro. Las mujeres tenían ahí su cocina y te hacían los platos a la vista, una pena que ya habíamos comido.
Con el sofocante calor pensamos que lo mejor era ir a la playa a darnos un chapuzón. La playa estaba a 5 km de Hoi An. Alquilamos unas bicis por menos de un dólar cada una (el día entero) y nos fuimos allí. El paseo en bici no fue precisamente tranquilo. Los coches cuando pasan a tu lado pitan para avisar de que te van a adelantar, las motos se cruzan y frenan en seco y en general, aunque no es la locura de Hanoi, tampoco esto resulta un remanso de paz. Aparcar la bici cuesta menos de 50 céntimos y eso incluye una botella de agua o una lata de coca cola. La playa poco tiene que envidiar a las de otros sitios del mundo. Era larguísima, la arena era fina y estaba bastante limpia. El agua también era clara pero con ese calor su temperatura era muy alta. Jamás me he bañado en un mar con el agua tan caliente.
En la orilla había varios pescadores con unas barcas típicas de la zona. Son como unas grandes cestas de mimbre redondas que usan para meterse en el mar. No pudimos estar mucho porque teníamos que volver a la ciudad para probar nuestros trajes. Hoi An es un buen sitio para pasar un par de días en mitad del viaje si lo que uno quiere es relajarse y disfrutar un poco del sol y la playa.
De vuelta a Hoi An nos pasamos por nuestro sastre. Al subir al piso de arriba las chicas de la sastrería bromearon conmigo con que me tenía que quitar los zapatos y los pantalones para subir. Cuando ya estaba casi desabrochándome los pantalones empezaron a reírse y entendí que era una broma. Una de ellas me dijo que les gustaban mucho los chicos con barbas, que nos hacía más atractivos. Normal, los vietnamitas apenas tienen pelo ni en la cara ni en el cuerpo.
Mi traje estaba a medio hacer, me lo probé y me sentaba perfectamente. No había que hacer muchos ajustes. En dos horas más podía pasar a por él. El traje de Diana todavía necesitaba algún ajuste más, pero ya le sentaba muy bien. Aprovechando que el sol ya había bajado, dimos otro paseo por el pueblo y aprovechamos para comer algo. Probamos algunos de los platos típicos de la zona. Aquí hacen una especie de dumplings que llaman White Rose que están bastante bueno. También hacen Cao Lau que no dejan de ser unos noodles de arroz con trozos de cerdo y Wanton, una masa como de empanadilla frita rellena de algo y con verduras picantes en la parte superior. Todo estaba muy bueno, la verdad. La comida vietnamita nos está sorprendiendo y no nos ha cansado de momento tanto como las comidas de otros países orientales.
Al caer la noche Hoi An comienza a lucir su mayor encanto. La ciudad se ilumina con miles de farolillos rojos que resaltan la belleza de las calles y los edificios. Las mujeres venden en los puentes por menos de 50 céntimos unos farolillos de papel que la gente puede soltar en el río, iluminando toda la ribera y algunos turistas navegan en pequeños botes entre ellos. Hoi An es muy bonito, no hay lugar a dudas, pero de noche es cuando realmente más se disfruta. Sin el asfixiante calor las calles se llenan de pequeños puestos callejeros de comida y artesanía. Algunos turistas aprovechan para conocer la ciudad en carros llevados por hombres en bicicleta.
El día se estaba acabando y Diana todavía tenía que probarse su vestido. Cuando llegamos una mujer estaba acabando de bordar la pedrería del vestido. Se lo probó y pasó de perroflauta sudada a princesa en tan sólo tres minutos. Colgaría una foto suya, pero no quiero romper el factor sorpresa de su vestido de boda. Eran ya casi las diez de la noche y decidimos que era hora de volver al hostel a dormir. Por la mañana cogíamos nuestro bus a Hué. No nos hubiera importado pasar algún día más en este lugar.














Hola chicos,cada dia me gusta más lo que estais contando,yo que no soy muchp de comida oriental,se me hace la boca agua. Un besazo muy fuerte y seguid disfrutando, besosssss
ResponderEliminarA mi tambien se me hace la boca. agua, pero no solo con la comida, si no con todo lo que mandais seguir disfrutando muchos besos para los tres
ResponderEliminarA mi tambien se me hace la boca. agua, pero no solo con la comida, si no con todo lo que mandais seguir disfrutando muchos besos para los tres
ResponderEliminarHola chic@s: que bonitas las fotos nocturnas, me recuerda a las pelis de dibujos japoneses, con los farolillos...Con la comida seguís dándome envidia, tanta que voy ayer comimos rollitos vietnamitas sin freír rellenos de verduras y gambas con salsa de soja. Pero ahora me da envidia también lo de las sastrerías. Uy que envidiosa me estoy volviendo. Jajaja. Veo que estáis disfrutando y tampoco os estáis cansando mucho, seguid pasándolo bien.
ResponderEliminarMuchos besos ;)
Puedo preguntar cuanto pagó por el vestido de novia? ;)
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