Sapa, 2 de septiembre de 2015
A las 2,15 de la mañana llegamos a la estación de Sapa. Sin quererlo hemos sido protagonistS del spinoff de la película "A todo gas", en esta ocasión con autobuses. Entre los lee rojos y azules y las velocidades que ha cogido el bus por la noche con tormenta, pensábamos que no llegábamos a la siguiente etapa. La hora prevista de llegada eran las 4. Por suerte no nos dejaron tirados en medio del pueblo a esa hora, apagaron el motor del autobús y nos permitieron dormir en él hasta las 6.
Cuando despertamos vimos a varias decenas de mujeres con sus trajes tradicionales rodeando el autobús a la caza del turista. Todas ofrecían lo mismo: trekking de dos días por el valle con alojamiento en su casa. El precio eran 30 dólares por persona. Nosotros ya lo teníamos contratado así que no nos hizo falta.
Un hombre nos esperaba con un cartel con nuestro nombre y nos llevó a un hotel en Sapa. Nos dieron el desayuno y nos ofrecieron una habitación para que nos aseáramos y esperáramos más cómodos. El desayuno era oriental, pero nos vino muy bien ya que habíamos cenado bastante poco. Tallarines, arroz, huevos y por fin pudimos pudimos probar el pho, que es un plato típico vietnamita que aquí toman para desayunar. El Pho puede ser "be", de ternera, o "Ga", de pollo y básicamente consiste en un caldo con una especie de pasta blanca y carne. En otro momento tal vez no nos hubiera apetecido mucho, pero estábamos hambrientos.
Subimos a la habitación y aprovechamos para ducharnos y grabar un corto de terror, y es que la decoración no era para menos.... Preparamos nuestras mochilas con lo que necesitamos para dos días y al poco nos vino a buscar Yun (que no YunYun), una chica bajita y muy simpática de tan sólo 19 años que iba a ser nuestra guía durante los dos próximos días. Nos mostró qué itinerario íbamos a seguir en el mapa y comenzamos a andar.
El primer día haríamos 12 km. Saliendo del hotel nos esperaban las compañeras de Yun, todas más mayores pero igualmente simpáticas. Todas iban con su traje típico y una cesta a la espalda. Mientras andaban con nosotros iban creando el hilo con el que hacen sus telas y que sacan de una planta similar al cáñamo. Salimos del pueblo por la carretera, pero al poco nos metió por los arrozales por unos caminos embarrados y complicados de atravesar. Ellas se movían con fluidez pese a la edad avanzada de algunas de ellas y nos ayudaban a bajar cuando el terreno era más resbaladizo dándonos la mano.
Mientras hacían esto charlaban entre ellas, preparaban hilo y hasta tenían tiempo para hacernos corazones o caballos con las cañas de la planta del arroz. Este es su hábitat y se nota. Yun nos explicó algunas cosas interesantes como la planta que usaban para sacar el color índigo con el que teñían sus ropas o la forma que tenían de recolectar o machacar el arroz. En este momento había empezado ya la época de recolección y algunas de las terrazas que estábamos viendo ya estaban siendo segadas.
Todo el trabajo se sigue haciendo a mano y el arroz que plantan allí es solo para consumo propio de la gente de la zona. Una vez segadas las terrazas las queman y dejan que los búfalos domésticos que tienen aplasten la tierra rebozándose literalmente en el barro para en mayo del año siguiente volver a plantar el arroz manualmente grano a grano. Un trabajo de chinos, o en este caso más bien dicho de vietnamitas.
Los paisajes eran propios de una estampa. Diana y yo ya habíamos visto algo similar en China en el espinazo del dragón pero la extensión de Sapa es muchísimo más grande y las terrazas de arroz se pierden en el horizonte. El camino pese a las paradas no es para todo el mundo. Se suda y es cansado, pero merece mucho la pena verlo todo desde dentro. A media mañana llegamos a Lao Chai para comer, la villa de donde eran las mujeres que estaban acompañando a Yun. Estas mujeres nos mostraron su artesanía y nos pidieron que compráramos algo. En absoluto son pesados o agobian. Muestran sus productos y si te interesa te dan un precio y comienza el regateo. Yo siempre digo lo mismo, lo importante no es lo que pagues si te parece un precio justo, sino que lo que compres realmente vayas a usarlo cuando llegues a España. Al fin y al cabo el valor sentimental del viaje ya viene incluido en el precio y es casi lo más importante. Yo compré dos fundas de cojines para el sofá y espero no arrepentirme cuando las vea puestas en casa. Diana y Dani compraron pulseras, pendientes y monederos.
Acabada la venta y la comida seguimos nuestro camino durante 2,5km más hasta otro pueblo donde pasaríamos la noche. A las 15 de la tarde habíamos llegado a la casa donde dormiríamos y Yun se pudo quitar su traje regional. Nos contó que en Vietnam la medicina básica es gratuita, aunque cuando hay alguna cosa importante que tiene que ser tratada en el hospital tienen que pagar. También nos mostró el remedio tradicional para quitar el dolor de cabeza, un cuerno que te lo ponen en la cabeza al vacío dejándote una marca circular que desaparece a los días. Según Yun, es un remedio perfecto que efectivamente quita el dolor a cambio de una terrible marca en la frente.
La educación también es gratuita hasta secundaria aunque ella no ha podido seguir estudiando, por lo que está trabajando para ahorrar y continuar con sus estudios. Es una chica tan despierta que te hace pensar a donde podría llegar si tuviera la oportunidad. Habla inglés perfectamente y lo ha aprendido sólo de hablar con turistas.
Ya en la casa subimos a nuestra habitación y yo me eche una siesta pese a haber sido el que más durmió en el bus. La habitación como tal es un pasillo en el segundo piso donde varios colchones duros como piedras se encuentran en el suelo en hileras con sus respectivas mosquiteras. Sapa tiene malaria, aunque el índice es bajo, pero lo suyo es dormir con mosquiteras, repelente y tapado a falta de aire acondicionado o ventilador. La familia tenía un diploma en el salón como premio al trabajo que les dieron en el año 2001. Muy comunista todo.
Cuando desperté era la hora de preparación de la cena y ayudamos en la cocina haciendo los rollitos de primavera. El interior del rollito es similar al de los restaurantes chinos de España, pero la parte exterior es una fina oblea semi transparente, que lo hace mucho más ligero. Ahí nos entretuvimos los tres con tres chicas francesas de practicas en el país a rellenar rollitos mientras Yun los freía para nuestra cena.
Cenamos con toda la familia en la misma mesa y nos ofrecieron vino de arroz para acompañar los platos. Nada que ver con el del chino del barrio, este vino es más bien licor y de los fuertes. Con dos chupitos tuvimos suficiente. La cena fue a base de arroz con verduras, salteados de carne de ternera y pollo, algo de pescado, calabaza y por supuesto nuestros rollitos que a Diana y a Dani les gusta especialmente. Cuando nos dimos cuenta la noche ya había caído sobre el valle y sólo se veían las luces de los vehículos por la carretera a lo lejos y alguna casa en la montaña.
Después de ducharnos y que Dani y Diana intentaran encontrar la cigarra que estaba cantando, lo cual consiguieron gracias a Yun que la cogió con su propia mano, pensamos en que seria buena idea el bajar al pueblo a tomar algo. Pese a que en el horizonte se veían rayos, decidimos ir al bar a tomar algo con nuestras compañeras francesas. Cuando nos quisimos dar cuenta estaba diluviando y no habíamos cogido ni los ponchos ni los paraguas. Nos tocaba mojarnos para subir por una cuesta durante 5 minutos y llegar a la casa.
Llegamos calados pero sobre todo cansados. Nos metimos en la cama. Al día siguiente nos esperaba más caminata por el norte del país.









Me encanta la foto de Diana y Dani con el perro, al fondo unas vistas preciosas.bueno seguid disfrutando y contándonos el viaje,un besazo para los tres, un poquito más fuerte para Diana,jaja
ResponderEliminarLa foto de Diana y Dani con el perro vme encanta, las vistas del fondo preciosas. Seguid disfrutando, un besazo para los tres,un poquito más fuerte para Diana jaja
ResponderEliminarHola chic@s: que envidia dais, lo de los paisajes una maravilla, pero lo de comer verduritas salteadas y rollitos hechos en el momento, no tiene precio. Qué mejor manera de terminar el día que mojados por dentro y por fuera.
ResponderEliminarDiana guapísima, como no.
Besos a tod@s
Por cierto, como soy muy curiosa me intriga por qué en la foto que estáis con el perro hay en la parte izquierda una cuerda atada a un saliente de dónde está sentada Diana. Ya se que estoy un poco pa lla jajaja
ResponderEliminarExcelente descripción del viaje.
ResponderEliminarSaludos Diana !!
La imagen con el perro es épica.
Chicos. Las fotos chulisimas. Y. vosotros muy. guapos los tres. Que envidiaaaaaaa
ResponderEliminarChicos. Las fotos chulisimas. Y. vosotros muy. guapos los tres. Que envidiaaaaaaa
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