Siem Reap, 11 de septiembre de 2015
A mitad de la noche nuestra habitación se quedó sin luz y tuvimos que dormir sin aire acondicionado. Lo peor fue que nuestros móviles y baterías con los que hacemos fotos sólo se habían cargado a medias, por lo que corríamos el riesgo de quedarnos sin cámara a medio día... A las 8 de la mañana con total puntualidad estaba nuestro conductor esperándonos para llevarnos al recinto de Angkor. Después de desayunar en el hotel y ya con bastante calor pese a ser unas horas tan tempranas, pusimos rumbo a las ruinas. Sorprendentemente todo el agua que había inundado las calles el día anterior había desaparecido y sólo quedaban algunos charcos.
La zona de Angkor fue la capital del imperio Jemer entre los siglos IX y XV, de donde datan todas las construcciones. Es el recinto de templos más grande del mundo (ahora están construyendo en la India un conjunto de templos de mayor extensión) y su extensión abarca el tamaño de la ciudad de los Ángeles. El imperio Jemer fue destruido por el reino de Ayutaya, del que también vimos sus ruinas cerca de Bangkok el primer día y estos templos acabaron perdidos en la selva.
Para entrar en el recinto hay que sacar la entrada que cuesta 20 dólares un día y 40 dólares tres. Estas entradas van hasta con fotografía y hay que enseñarlas a la entrada de cada templo. De hecho lo primero que te avisan es que las conserves y que no se mojen. A las 8 de la mañana no había ninguna cola. El Tuc Tuc se adentró en la selva hasta llegar a un enorme lago artificial que giró para encontrarnos con el templo de Angkor Wat, tal vez el más famoso de todos los templos camboyanos y el que tiene el honor de salir en la bandera del país. Es el más grande de todos y sin lugar a dudas el mejor conservado.
Unas murallas no permiten ver Angkor Wat en todo su esplendor. Pasado el control de entradas y un puente accedimos al recinto. El lugar es muy bonito, pero tal vez a Diana y a mí no nos sorprendió tanto como esperábamos. Todas las paredes están talladas con figuras y muestran escenas de guerra y cuentos. Para disfrutarlo hay que concienciarse de que va a ser difícil conseguir una fotografía o un momento en el que no haya un japonés detrás de nosotros. Hay cientos de turistas como nosotros en cada esquina. Lo bueno es que poniendo la oreja puedes llevarte alguna explicación gratuita de los guías.
Para subir a la parte superior del templo hay que ir con camiseta con mangas y pantalón que puede ser corto, pero no excesivamente. Para no arriesgar, mejor ese día ir de largo. De nosotros tres sólo yo cumplía las condiciones, a Diana no la dejaron pasar ni cubriéndose con un pañuelo, nos pareció un poco excesivo. Además son varios los templos que te exigen estar tapado para acceder. La parte superior ahora es un centro budista y varios monjes estaban allí arriba velando porque los turistas cumpliéramos las normas.
Nuestra visita de Angkor nos llevó una hora y media. De ahí cogimos nuestro Tuc Tuc y tras cruzar unos espectaculares puentes y puertas antiguas labrados con figuras, llegamos al que para nosotros sí fue la joya de Angkor, el templo de Bayon, conocido por albergar las famosas caras que son símbolo de Camboya. Bayon impresiona muchísimo más que Angkor. Su estado de conservación es muchísimo peor, pero desprende sensaciones de misterio y de aventura. Explorarlo te hace sentir Indiana Jones. Puedes ir en cualquier dirección, visitar cualquier sala y perderte en cualquiera de sus galerías disfrutando de las tallas de las paredes. Subiendo a lo más alto del templo se puede disfrutar de cerca de las 216 caras que hacen famoso este templo.
Hay zonas en las que casi más que subir hay que escalar, como en las librerías que se encuentran en los laterales de Bayon, donde un traspiés te puede hacer caer desde 5 metros de altura. Hay zonas apuntaladas para evitar el colapso, pero eso no resta en absoluto espectacularidad a Bayon. Para nosotros es tal vez el templo más bonito de todos.
De Bayon andando a través de una pasarela elevada, llegamos al tercero de los templos, Angkor Thom, aunque en esta ocasión tal vez no es correcto llamarlo templo porque es más una fortificación. Su tamaño es espectacular y para acceder hay que ir nuevamente cubierto. El interior no es tan espectacular como Angkor o Bayon, pero merece la pena subir hasta su parte más alta por las empinadas escaleras para disfrutar de las vistas desde allí. Al salir, por la parte de atrás se pueden ver los vestigios de lo que fue un enorme Budha tumbado que conformaba la pared. Este templo se cree que fue construido para venerar al dios indio Vishnu, pero posteriormente fue convertido a budista.
En los alrededores de este templo encontramos otros más pequeños perdidos en la selva y comidos por el musgo. Paredes talladas de arriba a abajo con mujeres bailando totalmente distintas unas de otras y vestigios de enormes elefantes de piedra. En total visitar esta parte de Angkor nos llevó más de tres horas y media.
Nuestra siguiente parada era el famoso templo de Ta Prom, donde se rodó la película Tomb Raider y que se caracteriza por haber sido comido por enormes árboles que han ido engullendo y aplastando sus paredes, reclamando el espacio que les pertenece. Por el camino paramos en un par de templos más, más pequeños. Eran bonitos y bien merecen la pena una pequeña parada para hacerse algunas fotos sin las cientos de personas que abarrotan los lugares principales.
Ta Prom es el ultimo de los grandes templos que visitamos. Nada más llegar te da dos opciones de visita, el camino largo y el camino corto. Nosotros elegímos el largo y fue un error garrafal. En este camino lo único que haces es recorrer el templo por fuera y no se ve nada apenas de él. Al acabar volvimos sobre nuestros pasos y cogimos el camino corto y efectivamente, por este camino es por donde se ve la grandeza de este templo. Pese a los cientos de escandalosos coreanos, chinos y japoneses que recorrían el templo, andar por Ta Prom es una experiencia única. La decadencia del templo frente al poder de la naturaleza que atrapa las paredes de todo lo construido por el hombre y se muestra en una perfecta simbiosis. Es un espectáculo único y poético. Pasamos casi todo lo que restaba de tarde recorriendo el templo, buscando los encuadres y los momentos para capturar esta maravilla sin gente.
Tras Ta Prom, nuestro guía nos llevó en el Tuc Tuc a un último templo. Eran unas estupas de ladrillo que nos dejaron un tanto fríos. Bayon y Ta Prom son lo que han hecho a Angkor especial. De vuelta, pedímos al guía que nos dejara en el centro de la ciudad. Eran más de las 17 de la tarde y desde el desayuno no habíamos probado nada sólido. Yo ni noté el hambre, necesitaba ver más de Angkor. Tras comer fuimos a un mercado cercano. Entre camisetas y pantalones hicimos algunas compras, Diana tiene un problema con los pantalones y ha recaído en su adicción, por suerte cada uno no cuesta más de 4 euros. De vuelta al hotel nos relajamos en la piscina y nos metimos pronto en la cama. Habíamos quedado con nuestro guía a las 5 de la mañana para ver amanecer en Angkor Wat.













Hola chic@s: hoy ya os premia el Dios del viaje después de tantas penurias. En fotos es impresionante pero imagino que allí en persona te quedarás sin aliento. Un beso para tod@s y sobre todo para Diana, que sigue siendo la más guapa. Espero que ese amanecer sea espectacular.
ResponderEliminarEsos árboles confundidos entre los templos son una pasada, bueno espero wue merezca madrugar para ver ese amanecer tan espectacular que os han dicho. Un beso muy fuerte para los tres
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