Siem Reap, 10 de septiembre de 2015
Las 6 supuestas horas de viaje en el autobús de la muerte se convirtieron en más del doble, no sabemos muy bien por qué. Como era de noche no sabemos qué pasó exactamente. Diana dice que cree que remontamos el Mekong en un barco carguero y tal vez fuera cierto porque la realidad es que este autobús apenas se movió por la noche, y la experiencia nos dice que ni las carreteras vietnamitas son autovías planas, ni sus conductores son tranquilos y responsables pilotos.
Diana compartió catre en el autobús con un joven americano con pinta de psicópata, a cambio al menos tuvo algo más de espacio para estirar las piernas. Al final llegamos a la frontera entre Vietnam y Camboya al amanecer, que era supuestamente la hora a la que teníamos que haber llegado a Phnom Phem, la capital camboyana. Nos bajaron cual gorrinos que llegan al matadero del autobús y nos hicieron pasar el control de salida de Vietnam. De ahí nos subieron al autobús, y a 200 metros pasamos la frontera camboyana. El trámite fue rápido y acto seguido estábamos subidos de nuevo al autobús. Todos, menos el compañero con cara de psicopata de Diana que nunca más le vimos ni supimos de él. En el autobús tampoco nadie le reclamó. Nos quedará siempre la duda de qué pasó con él.
En mitad del viaje, ya de día y por tierras camboyanas, despertaron a Diana y la pidieron que se moviera a la parte delantera del autobús. Subían dos personas nuevas y como ella iba sola, la dijeron que tenía que compartir cama con una nueva compañera, en esta ocasión una china que viajaba hasta Siem Reap como nosotros. Intentamos conciliar el sueño, pero tantas horas en el autobús en posición gamba lo hacían complicado. A las 11:30 de la mañana por fin llegamos a la capital camboyana, casi 12 horas después de salir de Ho Chi Minh.
Phnom Phem parecía que tenía algunos templos interesantes, pero nosotros no teníamos tiempo. Según nos bajamos nos dijeron que nuestro siguiente autobús salía ya y eran otras 6 horas más de viaje. Teníamos miedo que como el anterior, se convirtieran en el doble. Fuimos corriendo al baño para subirnos al bus, pero aquí la puntualidad no existe... Esperamos durante más de media hora. Nos dijeron que nuestro autobús ya llegaba. De repente un hombre se nos acercó y nos dijo que nos llevaban hacia el bus. Teníamos que subir a un mini tuc tuc 5 personas con nuestras mochilas. Al estilo de los payasos de la tele conseguimos acoplarnos. Por suerte antes de arrancar llegó el bus a nuestra parada y no hubo necesidad.
Cansados, comenzamos nuestro viaje hasta Siem Reap. El autobús no era cama, que llegando a este punto lo agradecimos, pero era el autobús budista. Un altar decoraba todo el salpicadero con imágenes de Buda y flores de plástico. El conductor nos torturó durante todo el camino con música del país que entiendo que serían como si en el Alsa nos pusieran al Dúo Dinámico, Karina y Betty Misiego durante 6 horas a todo volumen. Poco nos importó, estábamos tan cansados de la noche en el terrible bus cama que pegamos algunas cabezadas.
Camboya se veía mucho más pobre que Vietnam. También más despoblada. Las casas son mucho más humildes y están elevadas como si fueran palafitos, tal vez para que no se inunden por las lluvias. El tráfico es mucho menos denso, incluso en la capital y aquí no hay la locura de motos con familias completas de Vietnam, aunque eso sí, tampoco se respetan los carriles y una carretera de dos carriles se convierten en tres, siendo el de en medio, el de adelantar en ambos sentidos. Las carreteras a veces están incluso sin asfaltar y no son más que pistas de tierra con socavones. A mitad de camino hicimos una parada. Entre otras delicatessen tenían larvas y tarántulas para comer. No era algo de cara al turista, era parte de su gastronomía, y viendo la bandeja de tarántulas que estaba medio vacía, parece que era uno de sus platos más exitosos. No nos atrevimos a probarlo, las condiciones higiénicas no eran las mejores.
A las 6 de la tarde, cuando ya estábamos cerca de llegar e iba anocheciendo, comenzaron a caer unos rayos en el horizonte. En menos de 10 minutos estaba cayendo otra tormenta. Cuando llegamos a Siem Reap no había parado de llover, por los tejados se habían formado auténticas cascadas. A nosotros nos esperaba un chico en Tuc Tuc para llevarnos a nuestro hotel, a cambio nos dijo que al día siguiente le contratáramos para llevarnos a Angkor Wat. El precio parece estándar, son 15 dólares por día. Nos subimos al Tuc Tuc que más que Tuc Tuc parecía una lancha motora. Las calles se habían inundado totalmente y el agua cubría más de media rueda de la moto e incluso entraba dentro del carruaje. Conseguimos llegar.
Nuestro hotel, Sonyn Retreat, era excelente. Totalmente nuevo, limpísimo y hasta con piscina. Con la lluvia que estaba cayendo decidimos quedarnos allí a cenar. En total desde que salimos de Ho Chi Minh habían pasado 18 horas de viaje y estábamos cansados. Lo bueno de hacer el viaje por carretera es que se ve otra imagen del país. Los turistas normalmente llegan a Angkor en avión desde Bangkok, nosotros viajamos con la gente local y como la gente local, y eso te da otra perspectiva muy interesante del país. Nuestro guía nos preguntó si queríamos levantarnos a las 5 de la mañana para ver el amanecer desde Angkor. Lo dejamos para el día siguiente. Le pedimos que nos viniera a recoger sobre las 8, queríamos dormir un poco más.








Vsya viajecito!!!!!!? Pero mereció la pena por las fotos que nos habeis mandado y habeis puesto en feebook, la foto que habeis de la comida, como que da un poco de asco. Bueno a descansar,un beso y abrazo
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